Liberarse de la mente no es tarea fácil. Sin estar inmersos en ella, dando cabida a las emociones para así poder vivir el presente, es posible que la mente deje de enredarse en ella misma.
El Ego, nuestra mayor carencia y nuestro mejor verdugo.
Un ser falso que sustituye al yo, nublando lo que somos.
Desprenderse del pasado y el futuro, de ese concepto lineal de tiempo que tan bien supimos aprender.
Si existiera la posibilidad de disfrutar el Ahora, y ese fuese uno de los caminos, parecería que vale la pena el intento.
Diferenciar la huella, del paso.
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